domingo, 15 de junio de 2014

MOVEROS

Ya son casi 7 los años que Tierrasdealiste empezó su andadura, en todos estos años son muy escasas  las veces que para una cosa u otra he mencionado al pueblo de Moveros a pesar  que hace mas de 40 años en estoy vinculado a este pueblo donde paso algunas temporadas sobre todo en tiempo estival  y que si no me fallan las neuronas, en estos 40 años solo han quedado dos años que no haya pasado el mes de agosto en Moveros. Y que en 40 años, solamente haya estado ausente de el dos años, eso quiere decir que de alguna manera me encuentro agusto entre sus parroquianos, con los que durante el tiempo que estoy allí comparto parte de mi tiempo sobre todo con los del barrio de la parte alta del pueblo, donde después de un paseo al atardecer, compartimos el fresco de las noches agostinas.

Pues bien,  aunque no soy nativo del pueblo, en estos casi ya 40 años  compartiendo tertulia con algunos octogenarios del pueblo y aún con las neuronas bien centradas a pesar de la edad, pues hemos tenido ocasión de hablar de casi todo, y en muchas ocasiones se  han hecho comentarios de una primera Iglesia “Igresiona” como así la denominan algunos.

Parece ser que la primera Iglesia de Moveros estaba situada al lado del Cementerio, y que hoy  el cementerio continúa estando en el mismo sitio, en el cual, según entramos a mano derecha podemos comprobar  que las paredes son  de piedra y muy anchas, incluso hay alguna ventana pequeña, (creo recordar)  por lo que puede ser que en esa parte dicha del cementerio hubiera estado situada la Iglesia.

Pues si nos paramos  y nos ponemos a recordar, vemos que en casi todos los pueblos de Aliste los cementerios estaban al lado de las Iglesias, unos han sido trasladados una o más veces, otros, en algunos pueblos podemos ver que están o estaban hasta no hace muchos años pegados a las iglesias.

Analizando y atando cabos de todo esto, es muy posible y yo diría cierto que en un principio Moveros estuvo situado al lado de esa iglesia, o para entendernos mejor en el alto del Cementerio. Por una parte tenemos la referencia de que la Iglesia y el cementerio estaban juntos, por otra parte podemos ver restos de teja por los alrededores. También coincide que había dos fuentes de abundante agua, una la Fuente Grande que abasteció de agua al pueblo de Moveros hasta los años 80, y la  Fuente la Fontanina al otro lado, que manaba abundante agua hasta que se hizo el sondeo que secó todos los manantiales de la corredera de la Fontanina y de las huertas de La Fuente.  Ligeramente por encima de la fuente de la Fontanina, podemos ver visibles restos de escoria y tierra quemada, lo que quiere decir, y es otra referencia de que por aquellas inmediaciones existió una fundición ya que en aquellos años, y por los nombres de muchos pueblos de la comarca San Pedro de las Herrerías, Ferreras de Arriba, Ferreras de Abajo, Ferreruela, nos hace pensar, que nuestra comarca estuvo muy relacionada con el hierro.

Todas estas coincidencias, a mi particularmente me llevan a pensar que en un pasado no muy lejano, el pueblo de Moveros estuvo asentado en los alrededores del Cementerio, y por causas que no sabemos o simplemente por estar enclavado en un alto con un desnivel bastante pronunciado, pudiera ser esta la única causa de ir  “Moviendo” el pueblo a la parte más llana donde está enclavado ahora, así por las tres arterias principales desde Brandilanes, Fornillos y Ceadea no hará falta subir la pronunciada cuesta del Cementerio.

Y pudiera ser, que el nombre que se le dio al pueblo provenga del movimiento, o traslado del pueblo, porque seguramente hasta entonces no tuviera nombre, si no que fuera un asentamiento  de tres o cuatro familias.

Por conclusiones sacadas de esas tertulias veraniegas,  deduzco que casi todas las familias de Moveros, aún en la actualidad, están enlazadas por parentescos y apellidos,  los más comunes los Nieto, Martín y Belver, si analizamos estos tres apellidos casi todas las familias prenden de ellos con familiares. Esto  quiere decir a mi manera de entender que Moveros puede tener una historia de 300 o 400 años como mucho.

Este es mi pequeño análisis en cuanto  a la historia del pueblos de Moveros. Me gustaría que todos los de Moveros  que leáis esta pequeña reflexión, hicierais la vuestra en este mismo sitio dejando algún comentario, pues así podíamos ahondar más el tema, y dejar algunas pistas escritas para generaciones venideras. Y quien sabe, si otros lo hubieran hecho antes, hoy la historia de Moveros sería mucho más amplia y clara.


Gúmaro, 15 de junio de 2014

domingo, 12 de enero de 2014

LÁSTIMA QUE SEAMOS POBRES Y VENGAN AÑOS TAN MALOS

Acababa de llegar el otoño, las tierras se vestían de color verde al empezar a nacer los primeros granos sembrados en la facera,  las hojas de los robles se volvían de color ocre  debilitándose para ser abatidas por las primeras heladas  y la brisa otoÑal.

Una mañana, el ti Andrés se levanta de la cama y como cada día lo primero que hace es ir a la cuadra y observar las vacas  y  repartirle un  haz de hierba seca que la tarde anterior Andrés había traído del pajar. Pero esa mañana Andrés se da cuenta de que la Ginda no remoniaba, le coge el cuerno con la mano durante unos segundos, lo tiene frío dijo, tiene fiebre. Andrés un tanto  sobrecogido enciende la lumbre y pone un caldero para calentar agua y hacer una toma de manzanilla para la guinda. Mientras s e calienta el agua, Andrés busca unas mantas viejas y las echa encima del lomo de la vaca para haber si luego de  darle la toma de manzanilla y unas friegas de jabón  casero  la vaca entra en calor y comienza a “remoniar” (rumiar).  Claudia, que así se llamaba su mujer, con aquel entrar y salir de dentro a fuera se dio cuenta desde la cama que estaba ocurriendo algo que no era normal. Claudia se levanta sin reparo alguno y se va directa a la cuadra,¿Qué pasa Andrés? pregunta Claudia,   Andrés después de unos segundos le contesta: Claudia:  la Guinda está mala, no  “remonia”, tiene frío y mira, tiene las orejas caídas, vamos a darle una toma de manzanilla y unas friegas con jabón y aguardiente haber si se le pasa y arranca “remoniar”.

Salen de la cuadra y uno tras el otro sin mediar palabra van a la cocina, el agua del caldero ya está hirviendo, le echan un puñado de manzanilla silvestre recogida el verano anterior   que l guardaban en un saco en el desván,  la deja  hervir unos minutos, luego la echan en una botella  y se dirige de nuevo a la cuadra para darle la toma, esta vez  le acompaña Claudia para ayudarle, Andrés  aguanta la  vaca por los cuernos y Claudia intenta meter la botella en la boca de la vaca, la vaca no hace ni por “chamuciar” y le pueden dar parte de la toma de manzanilla, ya tiene suficiente dice Andrés, esperaremos un rato haber si por fin  arranca a “remoniar”, si  no lo hace iré a llamar al veterinario no vaya a ser que la vaca se nos muera.

Al cabo de una hora Andrés observa que la vaca no solo no reacciona, si no que   tiembla, y  Andrés decide pedir la burra a Juan( su vecino) para ir a llamar al veterinario. La suya se le había muerto hacía unos tres meses y no disponían de ningún otro medio para viajar. Andrés se monta en la burra y al cabo de unas dos horas llega a casa del veterinario que distaba a unas 2 horas de camino, le explica  lo que pasa y el veterinario le dice: ahora mismo voy, con la bicicleta  llegaré antes que tu y yo ya veré que le tengo que hacer a la vaca. Una hora más tarde llega el veterinario, ya no pudo hacer nada, la vaca había muerto, cuando llegó Andrés Claudia le daba la triste noticia.

Hace tres meses se nos murió la burra, y ahora se nos muere la guinda y también hemos tenido la mala suerte que  nos abortó la garbosa, que mala suerte tenemos Claudia….. No sé cómo vamos a poder  seguir adelante y criar a nuestros dos hijos Antonio y Gabriel que así se llamaban, se lastimaba Andres
Qué lástima que seamos pobres y pasen años tan malos…….


                                                                       SEGUNDA PARTE



   
Antonio y Gabriel tenían 4 y 2 años respectivamente, y a esa edad no percibían necesariamente lo que sus padres  Andrés y Claudia luchaban día tras día para salir adelante, Gabriel  jugaba  en la puerta de su casa con los camiones  que Andrés le hacía con un trozo de madera y una caja de sardinas, y Antonio  corría tras el aro de un cubo viejo y un gancho de alambre  grueso que  que su padre le hacía de vez en cuando.

 Por las  noches, mientras Claudia bajo la luz ténue de un candil de petróleo  hacía la cena en un pote oscurecido por el el humo de las jaras, Andrés  apoyado en el brazo del escaño meditaba con las tenazas en la mano  sin mediar palabra con Claudia,  mirando cómo se desgastaban las brasas  en  la lumbre mientras quedaban reducidas a ceniza.

Andrés había cambiado mucho desde que se le había muerto la “Ginda” y la burra,  guardaba mucha preocupación dentro de sí mismo. Andrés estaba pensando que en el pueblo no podía salir adelante, tenían pocas fincas,  además no habían tenido suerte con la hacienda. Por todo esto pensó emigrar a Buenos Aires, habían emigrado varios del pueblo , y según contaban, en poco tiempo  ganaban para el pasaje y podía traer algo de dinero, con este dinero podían comprar alguna finca  en el pueblo que le podía ayudar a seguir adelante más desahogadamente. Pensando todo esto  un día escribió una carta a un primo suyo  para que le ayudara a preparar el viaje enviándole una carta de reclamación, y pidiendo que le enviará el dinero para el pasaje, que el cual, le advertía le sería devuelto tan pronto como cobrara  de su primer trabajo en Buenos Aires. Benito que así se llamaba su primo tan pronto recibió la carta que Andrés le había enviado no dudó en transferir a su  patrón el contenido de la carta, y este le ofreció trabajar en la vaquería tan pronto como llegara a la Argentina.

Todo esto Andrés lo había hecho con un secretismo  absoluto ante su mujer y no sabía cómo decir lo que tenía tramado, pues sabía que esa noticia iba a ser para su mujer un duro golpe, pero Andrés, por más vueltas que le daba a la madeja era esa la única vía que podía ser viable para seguir adelante con du familia.

Un anoche después de cenar Andrés piensa que es hora de transmitir su pensamiento a su mujer, por lo que después de toser un par de veces  y tomar un poco de agua por una cierta sequedad  de boca se dispone a decir a  Claudia lo que tiene pensado hacer y que ya no tiene vuelta  atrás por que el dinero del pasaje Benito lo había enviado y estaba en camino.

Claudia, al  oír lo que su marido tenía  pensando no medió palabra, salió de la cocina al corral un par de veces para acabar tomando una taza de agua para poder hablar, pues parece que se le había pegado la lengua al paladar. ¡¡¡ No hagas eso Andrés por dios…!!! Somos pobres pero unidos, quizá vengan años mejores y podemos salir adelante con nuestros hijos.  Andrés  cabizbajo cogido al brazo del escaño como acostumbraba hacer después de unos minutos le dijo:  No temas mujer, seré fiel a mi palabra y te pido que en mi ausencia lo seas a la mía, lo tengo todo preparado,  en pocos días me llegará el dinero del pasaje que Benito me lo ha enviado ,  empezaré a trabajar en la vaquería que trabaja Benito,  yo pagaré el pasaje a Benito durante un año un poco cada mes, y el resto os lo mandaré para  ti y nuestros hijos. Esa noche fue una noche muy larga, apenas durmieron pensando en los nuevos proyectos y así continuaron  durante varios días varios días, pero por fin Caludia pensó que podía ser  una salida a la grave situación económica que se en contaban..

Pasaron tres meses, y después de todo arreglado llegó el día de despedirse, Andrés debía  ir a embarcar a Vigo y despues de navegar 33 días llegaría a Buenos Aires.  En todo este tiempo Andrés había hecho una maleta de trozos de madera que tenía en una tenada y le había puesto un candado que guardaba en un caldero oxidado entre clavos viejos.  Claudia le había hecho unas camisas con un trozo de tela que había comprado al tendero después de vender unos kilos de linaza, y el sastre le había hecho unos pantalones de pana que  Claudia los pagaría cuando vendiera unas alubias que tenían en la huerta.

Llegó el día de despedirse, Claudia  en su mente preveía un viaje largo o quizá sin vuelta,  aquella mañana y antes de partir Andrés, Claudia como cada mañana  puso el pote a la lumbre mientras  sus  ojos  se llenaban de agua que humedecían toda su cara mientras Andrés besa a  Antonio Y Gabriel aún dormidos en un jergón de pajas tapados con la capa parda del abuelo, entra en la cocina y mientras comía aquellas amargas sopas de ajo trata de consolar a Claudia con unas palabras de consuelo. No llores mujer,  replicaba Andrés, que si la suerte me ayuda te mandaré  mucha  plata para que a ti y a nuestros hijos no le falte lo que hasta ahora nos ha faltado y dándole un beso en la frente partió con su maleta de madera al hombro hasta la estación más próxima.

Un mundo nuevo tuvo que enfrentarse Andrés, Desde los primeros días se colocó en la cocina del barco como lavaplatos donde comenzó a ganar la primera plata durante 33 días, que duro la travesía del Atlántico, ya en Buenos aíres lo esperaba su primo Benito, y de allí subieron a un tren que los llevaría a la vaquería donde trabajaba Benito y donde sería su nueva morada.

Al día  siguiente  tan pronto como fue posible, Benito presento a  Andrés . En la vaquería trabajaban unas 20 personas, las cuales comían en las dependencias de la vaquería, pues allí había abundancia de carne, y Andrés le encomendaron  el trabajo como  ayudante de carnicero  en la cocina desde aquél mismo día. Andrés, un hombre curtido del trabajo en la comarca Alistana,  no tardó mucho tiempo en acostumbrase a su nuevo oficio y en los largos días y solitarias noches pensaba que algún día podía reclamar a Claudia, pues en la vaquería también trabajaban mujeres  y  posiblemente también habría trabajo para ella.

Pasaron unos días y Andrés se propone escribir una carta a Claudia para contarle su aventura  como lavaplatos en el barco, y ya, pues decir lo que era su trabajo en la vaquería  y decirle que pronto le mandaría  algo de la plata que había ganado como friegaplatos en el barco para pagar los pantalones  de pana que había dejado sin pagar al sastre esperando a recoger las alubias que  Claudia continuaba cuidando en la huerta.

Claudia continuaba en Aliste haciendo sola los trabajos de labranza y cuidando a sus hijos esperando las noticias de su marido en las Américas, hasta que  después de pasados dos meses recibió la carta en la  que Andrés contaba su aventura. Pero Claudia no sabía escribir, tenía que buscar alguien  de confianza que le leyera las cartas y le diera contestación a las mismas, tampoco no había mucha gente en el pueblo para encargarle este trabajo, entonces pensó en Federico. Federico era un sobrino del cura y solterón, y pensó que este podía ayudarle para leer y escribir las cartas. Un día  a la salida de misa, Claudia llamó a Federico l a solas le dijo que si le podía hacer ese favor, a lo que Federico se dispuso ayudar en lo que hiciera falta, este fue, le leyó la carta y le escribió otra de vuelta atendiendo a las palabras  que Claudia le decía.

Ya habían pasado unos cuatro meses desde que Andrés  había salido de casa, y  este se disponía a enviar por correo  8000 pesos que había ganado en ese tiempo después de haber pagado parte del viaje que debía a Benito,  para hacer frente a las necesidades de su mujer y de sus hijos, asegurando  que si todo iba bien tenía pensado reclamar a ella  en el  tiempo que pudiera conseguir un trabajo  en la vaquería , y sus hijos pudieran entrar en una escuela  cercana. Todo iba muy bien,  Andrés continuaba trabajando y periódicamente enviaba pesos a  la familia.  Federico le leía las cartas, y le escribía las contestaciones, solía hacerlo cuando los niños dormían después de cenar en casa de Claudia. Fue tal la confianza que cogieron  ambos,  que Federico se enamoró de Claudia y esta de Federico y la distancia de Claudia hacía Andrés  cada vez era más larga, cada vez Claudia tardaba más en contestar las cartas de Andrés. Toda esta tardanza hacía reflexionar a Andrés, Claudía, cuando le escribía le decía, no te preocupes Andrés, aquí todos estamos bien, pero no puedo contestarte antes por que  Federico no viene, y ya sabes que yo no sé escribir.

Federico ya no salía de casa de Claudia, y un día decide  escribir a Andrés en su propio nombre diciendo que un mancebo del pueblo estaba rondando a Claudia, que no le mandara más plata porque Claudia  ya no se acordaba de él y los niños que ya habían crecido y ni siquiera lo conocían.  Cuando Andrés leyó esa carta no pudo tolerar tal noticia, creyó que ya no  valía al apena vivir y aquella misma tarde acababa su vida con su cuerpo  despedazado  en las vías del tren.

Gúmaro, 12 de enero de 2014

viernes, 6 de diciembre de 2013

LA TRISTE HISTORIA DEL TRIGO


Un buen día  se despierta el trigo lamentándose de su vida triste y austera sin que nadie se acuerde de él  hasta que no está encima de la mesa.

Pido atención a los lectores que lean este breve relato de las tristes aventaras de trigo, que como testigo directo de la agricultura y sus vivencias  guardo y que  hoy voy a tratar de explicar, y que estoy seguro que todos los que vivieron aquellos largos y duros veranos de hasta los años más o menos 70 por las tierras alistanas me sabrán entender.

Después de recogerme en verano, en unas paneras me guardan y me dejan reposar durante unos dos meses, apenas llega el otoño con piedra lipe me queman, y con una pala de hierro me dan miles de vueltas, después me hacen  en un montón, me meten en un costal  y me llevan a la oja,  aran con un arado y me entierran sin piedad, apenas voy naciendo me vuelven a tapar,  (aricar)  y allí me dejan solo sin más amigos que el sol, el aíre y la helada, y así me paso el invierno. Siempre estoy a flor de tierra, y luego en el mes de marzo ya llega la primavera. En las  primaveras frondosas sale el sol y me calienta, y me voy desarrollando como junco en la ribera, luego viene abril y mayo,  voy echando la espiga, y  cuando me ven al pasar los pájaros se detiene y me miran. Luego llega el mes de junio, que es el mes de las tormentas, me cortan con una hoz y me tiran por el suelo,  todos me van pisando desde el niño hasta el más viejo, luego me atan en manojos y me hacen en un montón y allí me dejan al sol. El día que le parece se presentan con un carro y con una horca de hierro arriba me van echando,  después de ir por un camino a una era me llevan, luego cuando les parece me desparraman  por la era, y me pasan un trillo todo llenito de piedras  allí me pisan y me cortan y cuando estoy desmenuzado me ponen en un parvón  y un día de mucho viento me tiran al alto con un viendo sacándome de la paja y me quedo solito en cueros. Luego con una pala, me ponen en un montón, de noche duermen conmigo para  nadie me robe  y al día siguiente me recogen en costales y otra vez  a la panera me llevan, el día que les parece al costal me vuelven a echar  y cerca de un  río me llevan,  me tiran en una tolva y me muelen entre dos piedras,  cuando ya estoy hecho polvo  al costal voy a parar , y el día que le parece con las piñeras me ciernen y me meten en una artesa, echándome por encima agua que esté bien caliente, y allí me hacen una masa, y con una manta me tapan para que duerma  caliente, luego cuando despierto hogazas me van haciendo y en un horno candente me meten. Una vez que estoy cocido me llevan para casa, y cuando estoy encima de la mesa con toda la familia reunida  me van pasando la navaja.
Y  así queridos lectores, termina la aventura del trigo para que sirva de ejemplo a  los niños y mayores, que sin saber cómo se cría  lo comen todos los días.


Gúmaro, 6 de Diciembre de 2013

martes, 24 de septiembre de 2013

LA NOCHE DE LAS SIRENAS




Más o menos alrededor de las cinco de la tarde del día 2 de agosto de 2013 recién llegado a Moveros y  aún casi sin haber desecho la maleta y después de echar un rato la siesta en las horas más calurosas del día, salí un rato a la tertulia  con algunos vecinos a la sombra de una casa de piedra donde las mismas piedras rezuman  frescor  por el lado que toca la sombra.

Desde allí, se empezó a ver humo, un humo espeso en la parte sureste en las inmediaciones de la raya de Portugal aupado por el fuerte viento que lo apretaba hacía España, pero que parecía que con la dirección que llevada el viento Moveros se iba a escapar de la quema o por lo menos parecía. Yo más o menos a las seis y media de la tarde cogí el  camino de Acañices para ir a sellar una primitiva que normalmente voy haciendo semanalmente todas las semanas del año. Cuando regresaba para Moveros y una vez rebasado el valle de Sahú en Alcañices, la columna  de humo ya había nublado el sol y entre la espesa humareda se veían las llamas  mientras  se oía un ruido como si de una tormenta se tratara en los pinares de la raya en los términos de Ceadea y Arcillera, apuntando a la facera de Arcillera aún sin cosechar “Pobres trigos” dije yo al pasar. No había llegado yo a Moveros cuando la guardia civil cortaba la N 122 a la altura del empalme de Gallegos del Río, desviando el trafico dirección Braganza por Lober, Tolilla y Rabanales para luego salir a la N122 en Alcañices, mientras el fuego ya había arrasado las cosechas de cereal de Arcillera, había atravesado la N122 a la altura de Arcillera  y cinco aviones anfibios ,siete helicópteros, y 60 militares luchaban contra el fuego alrededor del pueblo de Arcillera pudiéndolo controlar al borde de las casas. El fuego ya había causado un gran desastre ecológico con la pérdida de más de 1.000  hectáreas monte bajo y de toneladas de madera de pino, fruto  de la repoblación llevada a cabo por Icona en los años 50 y 60, en la frontera portuguesa, además de haber dejado sin cosecha de cereal a los vecinos del pueblo de Arcillera. 

Si bien el mayor desastre que causó este incendio según comentarios originado por la chispa que desprendió una cosechadora en el pueblo portugués de San Martinho, además de una carroceta de los bomberos portugueses calcinada, las quemaduras causadas a cinco bomberos portugueses que habían sido sorprendidos y rodeados por las llamas, uno de ellos murió a las pocas horas y otro murió después de luchar más de un mes entre la vida y la muerte en un hospital de Braganza.

Ya eran las 11 de la noche, y los medios aéreos habían dejado de trabajar y el fuego parecía controlado  en Arcillera, pero aún quedaba un foco que quemaba descontrolado en la zona de los pinares, y a esta hora el viento continuaba soplando, pero ahora ya había cambiado de dirección soplando del poniente,  lo que favorecía cada vez más que el fuego se metiera en el pueblo de Moveros. Des de mi casa veía las llamas cada vez más cerca, los bomberos estaban preparados para trabajar, pero le hacía respeto entrar entre los robledales y jarales a esa hora ya sin protección de los medios aéreos por lo que el fuego campaba a sus anchas arrasando todo lo que encontraba por delante. Yo cada vez lo veía más cerca de mi casa mientras rociaba con la manguera de agua de mi jardín las persianas de casa y la maleza de hierba de las fincas colindantes y  con el fin de que cuando el fuego llegará perdiera intensidad. Las Buldofer limpiaban caminos y hacían corta fuegos, las motosierras de los bomberos cortaban  robles para evitar que las copas de los arboles desprendieran llamas evitando que el fuego ganara terreno. Eran alrededor de las 2 de la mañana cuando los bomberos dieron por controlado  a unos 200 metros de mi casa uno de los fuegos más feroces en la comarca de los últimos años.

Gúmaro, 24 de septiembre de 2013.

martes, 26 de febrero de 2013

LA CUARESMA TIEMPO DE AYUNO Y ABSTINENCIA.


La llegada del carnaval marcaba el tiempo de cuaresma, un tiempo en el que el ayuno y la abstinencia eran obligatorios impuestos por la iglesia, cosa que se respetaba en mayor de las casa en los pueblos de nuestra comarca alistana.
Como ya comenté en otro artículo  publicado en este mismo blog, la iglesia vendía una bula,   cuyo documento  daba autorización del papa   de ciertas obligaciones religiosas a quien lo poseía, entre ellas se autorizaba a comer “tocino”  o cualquier clase de carne durante la cuaresma  excepto los viernes que era de obligación abstenerse
Si bien, cansados de comer tocino cada día (cuando lo había) bien venia una vez a la semana cambiar la dieta, pues  para los viernes se hacía tortilla de patatas dado que en tiempo de cuaresma las gallinas estaban en plena postura y había huevos suficientes para abastecer las necesidades de la casa. También, la comida de este día podía combinarse con conserva de escabeche o sardinas en lata, huevos cocidos con bacalao, o unas patatas cocidas con las raspas del bacalao aliñadas con un refrito de aceite de oliva.
Personalmente a mi alguna vez me daba la tentación los viernes de ir al chorizo y hacer un pecado, y cuando nadie me veía iba a la choriza que estaba empezada y cortaba un trozo de la manera que menos se notara la falta, pues si estaba el corte en la parte recta apenas se notaba si cortabas medio furco, si el corte estaba en la curva cortaba toda la curva, pues con la choriza aún tierna  se hacía otra vez la curva sin que apenas se notara la falta.
El día de viernes Santo,  y hasta el Sábado Santo hasta más o menos las 12 del medio día era día de ayuno y abstinencia. Ya por tradición todas las amas de casa se proveían de pulpo para la comida de medio día y un poco de escabeche con unas aceitunas negras para la cena. El pulpo que llamaban de media cura era un pulpo seco de un color morado oscuro  previamente secado en secaderos, este pulpo se ponía en remojo unos tres días o cuatro y cuando estaba remojado  aumentaba su  tamaño más del doble. En aquellos años, tanto el pulpo como el bacalao eran productos asequibles al alcance de todos, o mejor dicho era comida de pobres.   El pulpo de media cura, a parte de la cuaresma estaba presente en casi todas las ferias de la comarca, y la temporada era era en los meses del calendario que tuvieran “R”, es decir, desde el mes de septiembre hasta el mes de abril. A las ferias acudía la gente de los pueblos a vender el ganado, y si habían vendido y consideraban que habían hecho una buena venta, acudían a las pulpeiras  a comer unas rodajas de pulpo con un cuartillo de vino.
A las ferias del cutro de cada mes  y los dos cristos  de marzo y septiembre en San Vitero venían las pulpeiras de Galicia. Estas fechas practicamente  marcaban  el principio y el fin de la temporada pulpeira. Las pulpeiras hacían una buena lumbre y cocían el pulpo en calderas de cobre  y luego vendían en raciones  con una jarra de vino a los feriantes. A las ferias más pequeñas como el 28 en Gallegos del Rio o el 15 en rabanales,  la pulpeira era de Alcañices, una mujer que  era conocida por la  la Ti Cascaja.  Con el fin de las ferias de ganado todo esto se ha ido perdiendo, ya que de las ferias solamente queda el nombre, si bien en las ferias del Cristo de marzo y septiembre en San Vitero  las pulpeiras continúan. Hoy lo cuecen en calderos de acero inoxidable por  una normativa que  considera nocivo el cobre para el uso y cocción de alimentos.

Gúmaro, 26 de marzo de 2013

domingo, 20 de enero de 2013

EL SACRAMENTO DE LA EXTREMAUNCIÓN



El Sacramento de la extremaunción consiste en la unción con óleo sagrado que el sacerdote hace a los files que se encuentran en eminente peligro de muerte.

En aquellos años,  cuando una persona se ponía enferma antes de requerir la presencia de un médico, se anteponía la presencia  de un sacerdote para  obtener una buena muerte.

Recuerdo de niño esta costumbre  que el sacerdote vestido  con una estola blanca  y un cáliz en las manos con las  sagradas hostias para dar la comunión al enfermo si aún estaba consciente, y acompañado del mayordomo que iba delante portando la cruz procesional, detrás dos vecinos que llevaban dos candelabros encendidos, al lado  del sacerdote iban dos monaguillos, uno portaba el caldero del agua bendita con el aspersorio, el otro por taba en las manos la crismera con los santos oleos  para uncir al enfermo, y detrás iba la comitiva de gente  que se quería sumar a la comitiva con velas encendidas  para  acompañar al enfermo  el momento de da el santísimo sacramento de la extremaunción.

Llegando a la casa del enfermo estaba esperando la familia con la puerta abierta. Era costumbre de poner  telas blancas  cubriendo las paredes  de la casa por donde pasaba el sacerdote así como en la habitación donde estaba postrado el enfermo. En la habitación se ponía una mesa cubierta con un paño blanco de lino donde se ponían todos los santos utensilios que habían sido portados  para la ceremonia.

Si el enfermo estaba ya en su ultima hora, el sacerdote uncía  con los santos oleos una cruz en la frente, otra en las manos y otra en los pies, y  rociando el lecho del moribundo con agua bendita.

Después de varios rezos por parte del sacerdote deseando una buena muerte, se rezaba un padre nuestro, un ave maría y un gloria por parte de todos los allí presentes.

Toda esta ceremonia causaba cierto pavor sobre todo a los niños de la sociedad  atrasada de aquellos años, que cuando veíamos la comitiva corríamos hacía a casa para escondernos, y si  era a la hora  de escurecer, cunado veías al sacerdote vestido de blanco y la comitiva con las velas  encendidas nos causaba un miedo aterrador.  Yo pude presenciar esta ceremonia con 7 años en mi casa para dar la extremaunción a una tía nuestra, es el único recuerdo que me queda de ella. Falleció dos días después.
Gúmaro,  20 de enero de 2013.

miércoles, 9 de enero de 2013

ALISTE TIERRA DE CAZA Y CAZADORES



La caza, hoy  día  más bien un deporte en el que se tiran tiros sin regatear, hay escopetas repetidoras que con nada más tirar del gatillo salen los tiros vaciando la canana en un santiamén y la pieza se marcha a criar.

Lober, en los años 50 era un terreno en el que se adaptaba muy bien la liebre, también era bueno para la perdiz y la paloma torcaz, pero no tan bueno para el conejo , motivo este, por en aquellos años estar prácticamente todo el terreno labrado, y el conejo necesita monte para multiplicarse, viéndose favorecido  a partir de los años 70 cuando comenzaron a quedar las rozadas  sin trabajar lo que favorecía el crecimiento de jaras y leña.

Tampoco en aquellos años en gran parte de los pueblos de Aliste estaba presente la caza mayor como jabalíes, venados  o cabras montesas, si estuvo siempre  en nuestras tierras la presencia del  lobo y zorro, si bien bajó  bastante la presencia de lobos, pues se dice que  a partir de los años 70 al introducirse el jabalí en nuestras tierras, perjudico la presencia de lobos al ser la cría atacada por el jabalí.

Si bien eran pocos los cazadores que había en aquellos años, quizá por aquél viejo refrán que dice: Al cazador y al  pescote, nunca le verás buen capote,  pues en aquellos años de escasez la caza era considerada como una pérdida de tiempo, así como un gasto en licencia y cartuchos, gasto este que no se veía compensado más que con comer algún guiso de caza alguna que otra vez.

Mi padre fue cazador empedernido casi desde que fue adolescente, hasta que agotado por la enfermedad entregó la escopeta en el cuartel de la guardia civil. Pero mi padre fue un cazador que mataba caza para darnos de comer a la familia, nunca mataba caza por matar, y pocas veces se respetaba la veda aunque había más caza que ahora. Sobre todo mi padre fue un cazador de liebres, pues era lo que más le satisfacía por ser la liebre una pieza grande y con una pieza había suficiente para hacer una buena comida para toda la familia. La liebre la mataba casi durante todo el año, desde que salía la veda en el mes de octubre, se mataba normalmente en rastrojos y sembrados, en tiempo de heladas solía esconderse en los fenadales y  al abrigo de las paredes escondida entre zarazas, solamente en primavera era cuando menos se dejaba ver por esconderse entre el monte.

En verano, la liebre continuaba entre el monte, pero era muy fácil verlas en los oscureceres y amaneceres saltando por caminos y roderas, siendo estos sitios muy buenos para preparar una espera  haciendo un escondite al lado de  un camino donde se mataban fácilmente.

Si había liebres,  mi padre no mataba otra caza, siempre decía que la perdiz no merecía gastarse un tiro porque era una pieza pequeña, pero si no había otra cosa también se mataba, algo había que llevar a casa.  Mi padre,  cazaba los machos de perdiz en primavera cuando no había otra caza mientras las hembra encubaba los huevos,  tenía un reclamo, y  escondido entre el trigo o centeno ya alto por la avanzada primavera preparaba la parada, sabia tocarlo de tal manera que el  macho lo confundía con la hembra de perdiz  engañándola y atraiéndola hasta mismo ponerse encima de él  de manera que podía poner la pieza de la manera más cómoda para disparar.

La escopeta que usaba mi padre, era una escopeta muy vieja  del  calibre 12 que él ya había comprado de segunda mano. El mismo cargaba los cartuchos con pólvora y perdigones que compraba a granel, los pistones que hacían explotar el cartucho los cargaba con mistos de cerilla, y muchas veces los perdigones los hacía machacando trozos de hierro colado, y hasta cuando comíamos la caza y se encontraba algún perdigón se guardaba para volverlo a usar. La escopeta tenía  cierto desgaste en el cañón que era necesario tener acoplado un canuto de lata al cañón que impidiera que al tirar del gatillo el cartucho se hundiera y no fuera alcanzado por la aguja que hacía explotar el pistón, aun así en más de una ocasión sucedió que al tiempo de disparar el gatillo no salió el tiro, dando tiempo a perder de vista la pieza.

La escopeta, era de un solo cañón, lo que se debía afinar muy bien la puntería ya que no había más opciones. En tiempo de veda, mi padre salía de caza sin escopeta. Por las pistas en los caminos, por saber dónde las liebres comían, más o menos sabia donde la liebre estaba, siempre muy sagaz iba mirando por los surcos donde ya por astucia veía la liebre tumbada en la cama. Tan pronto como la liebre era vista se quedaba parado inmóvil, y seguidamente daba unos pasos hacia a tras de manera que la liebre quedaba tumbada en la cama, y en acto seguido emprendía regreso a casa o donde tuviera la escopeta. Aquella escopeta se pasaba temporadas escondida en el campo para no ser contemplado  por la guardia civil ni por nadie que pudiera sospechar. De esta manera mataba la liebre y la escopeta quedaba escondida en el campo. Si la llevaba a casa para casa, la ponía metido el cañón por una pierna del pantalón, y la culata le quedaba por debajo del brazo, que  la tapaba poniendo la chaqueta de pana colgada del hombro.

Las palomas torcaces se cazaban a la espera, solamente se debía observar en los árboles que acostumbraban a dormir montando la espera desde la puesta del sol hasta el oscurecer. Las palomas de palomar  se cazaban en el rastrojo en filando los surcos se podían matar hasta media docena de un tiro, en invierno buscaban comida en bandos hasta de más de cien, pero la paloma es muy astuta, tiene el oído muy fino y al más mino ruido levanta el vuelo.

En Lober no había mucho conejo, en aquellos años solamente había alrededor de las minas de la Ferrada en unos piornales que había, debido a la escasez de monte, el conejo no se expandió hasta bien entrados los años 70  en que habitaban por todos los sitios. Años más tarde casi fueron extinguidos por la enfermedad, y al día de hoy casi como de toda la demás caza queden muchos ejemplares.

Eran años en que se cazaba para comer, no se cazaba como deporte o placer, y aún cazado prácticamente todo el año nunca escaseo la caza. Pero mi padre en más de una ocasión también tuvo que correr delante de los guardas de caza y pesca y de la guardia civil, pero mi padre siempre tuvo una ventaja:  que corría más que ellos.

Gúmaro,  9 de enero de 2013.

lunes, 19 de noviembre de 2012


LOS ARBOLES NUNCA LLEGAN AL CIELO

Esta mañana como ya tengo costumbre salí a dar un paseo, un paseo que se convierte cada mañana en unos 12 o 14 kilómetros. Y mira hoy por cuantas que a los 15 minutos de salir de casa me sorprendió una borrasca de agua que me hizo meterme en un bar, cosa que no acostumbro, pero esta vez  no tenía muchas mas opciones si no quería  que la camiseta se me quedara pegada al pellejo.

Pues bien, mientras estaba tomando un cortado sentado en una mesa, y los cristales del bar se iban empañando por el calor que hacía dentro y el fresco que producía la lluvia fuera,  yo hojeaba un periódico leyendo un artículo que trataba de los desahucios, cosa que parce que cada día está más en las noticias de cada día, pero que no es una cosa nueva, sino que eso hasta yo mismo lo predije antes que  se pronunciaran los abuelos de Soria, y no había que tener muchas luces para ver la que   se podía venir encima.
Y es que” los arboles nunca llegan al cielo”

Hace unos siete u ocho años aun estando yo activo en mi vida laboral y ya con una experiencia, no por nada, sino por el rodaje que uno ya con más de medio siglo de historia tiene en el cuerpo. En aquellos años, aun años de vacas gordas en la empresa que yo trabajaba  se firmaban contratos nuevos,  no por la expansión de la empresa, si no más bien por cubrir las bajas de los que se jubilaban, si bien ya no en las mismas condiciones que se había venido haciendo, si no con unas clausulas que de alguna manera mermaban la nomina si se comparaba con  otra que ya hacía algunos lustros que estaba en activo. Toda esta gente de nuevos contratos, los que podíamos llamar hijos de la abundancia, o por lo menos yo así los llamaba, porque  entre otras cosas de alguna manera eran reacios a hacer una hora extra y menos si era en fines de semana que un servidor siempre estuvo dispuesto a hacer desde el primero hasta el ultimo día en los 35 años y  cuatro meses que estuve trabajando en la empresa.

A mi me chocaba como estos chavales con veinte tantos o treinta años(“los hijos de la abundancia”) pero eso si, con toda una vida por delante se embarcaban en comprarse un adosado de 60 millones de las antiguas pesetas y un coche de gama media alta en el garaje con un préstamo hipotecario a 35 años, cuando yo a su edad   trabajando 12 horas diarias no me atreví a comprar más que un piso de 70 metros e iba los domingos por la mañana a hacer horas en bicicleta.

Y es que esta generación, la que son nuestros hijos, estudiaron más que nosotros, y uno no pode dar consejos a quien sabe más que nosotros, contaban con dos sueldos, uno para pagar la hipoteca y el otro para ir tirando de guita y esperar potra vez a final de mes. Pero yo pensaba,  si los arboles crecieran  un trozo cada año ya llegarían al cielo, pero al cielo nunca he visto que haya llegado ninguno, unos por que se secan y otros simplemente por que le cortan la guía. Desde entonces han pasado unos siete u ocho años, y aquel  bosque de arboles jóvenes recién plantados que parecía llegarían al cielo muchos ya se han secado, otros quizá será por el otoño, pero ya tienen las hojas mustias. ¿  Es que no lo veían venir.? Claro es que son los hijos de la abundancia.

Gúmaro, 19 de Noviembre de 2012.

jueves, 8 de noviembre de 2012


Yo  un día en Lober  nací,
y de niño en Lober lloré
de mayor lo hice tambien
 pero el destino de la vida,
de  me separo de Lober.

Han pasado muchos años
desde que  yo  abandoné a Lober,
dejando el sudor en otras tierras
pero siempre pensando en volver.

Malgrat de Mar me recogió,
con bonito atardecer,
con playas de fina arena,
pero para mi no hay como Lober.

Allí dejé muchas cosas,
que nunca yo olvidaré,
lo que más el sentimiento
que guardo del día de ayer.

Allí quedo Valdelmayo
y el Carrascal también,
cuando bajo el Sierro abajo
Peñalba es lo primero que se ve.

Los rapaces de la escuela
siempre los recordaré,
muchos después de pastores,
y Antonio Baz que en paz esté.

El repicar de las campanas,
también lo recuerdo bien,
por tenerlas tan cerca
y subir a repicar también.

Me alegra cuando las vuelcan,
cuando las repican también,
me entristece  el toque a fuego,
y el toque a difuntos también.

Guardo muchos recuerdos
unos buenos y otros malos.
hoy me quedo con los buenos,
los malos mejor no recordarlos.

Aquí  voy a terminar
pero antes decir también,
que si yo algún día me pierdo,
¡¡¡Que me busquen en Lober….!!!

Gúmaro,  8 de noviembre de 2012

sábado, 3 de noviembre de 2012


Pino del Oro: Secreto bajo tierra
La confesión de allegados al supuesto asesino de Salvador Domínguez, desaparecido en 1963, anima a su familia a pedir la autorización judicial para exhumar el cuerpo


Al atardecer del 24 de diciembre de 1963 Salvador Domínguez se despidió de su hermana pequeña, Victoria, con un: «Ten cuidado ahora que te quedas sola con las vacas, a ver si te va a caer la mula». Emprendió camino a pie hacia Villalcampo, donde su primo lo esperaba para que lo ayudara con las cabras mientras operaban a su esposa. Tenía 28 años y era el hijo mayor de una familia de agricultores de Pino del Oro. Nadie lo volvió a ver.
Casi medio siglo después, la familia confía en que una orden judicial permita remover la zona de la finca conocida como «Las Tallas», a dos kilómetros del pueblo. Allí es donde, han confesado familiares y allegados del supuesto asesino, fue enterrado Salvador. Una supuesta disputa por cazar conejos con cepo en parcelas del asesino terminó tiñendo de sangre una tierra en la que hasta ahora solo se ha excavado en busca del oro que ya explotaban las antiguas minas romanas. La próxima vez que se horade la tierra será para desenterrar un secreto mejor guardado que los yacimientos auríferos.

Fue un vecino del pueblo quien, años después, se presentó ante los Domínguez Rodríguez para contarles lo que había escuchado de boca del hijo del supuesto asesino de Salvador, en su lecho de muerte. Confesó el crimen y describió el lugar donde le dieron tierra. Y la historia comenzó a reescribirse. Son los propios descendientes del homicida los que ayudan ahora a la familia de la víctima, que trata de recuperar los restos del infortunado joven para «darles sepultura» en el panteón familiar. El Juzgado número dos de Zamora, que instruye las diligencias, ya ha recabado los informes y testimonios fundamentales en los que avalar, si así lo estima oportuno, la autorización para excavar el terreno en busca de los restos del joven.

Salvador fue el primero de los hijos que tuvo el matrimonio formado por Rosa y Ángel, y desde muy joven ayudó a sus padres en las tareas agrícolas y ganaderas. Luego llegarían Elisardo, ahora de 77 años; Laura, de 70, y Victoria, de 62, y que con el apoyo de todos tomó la decisión de poner el caso en manos de la justicia. 

Victoria, la más pequeña de la familia, aprendió a vivir desde aquella aciaga Navidad con la angustia que se adueñó de su cuerpo cuando tuvo el presentimiento de que nunca más volvería a ver a su hermano. Fue cuatro días más tarde, cuando la madre la envió en una mula hasta Villalcampo. «Como Salvador se fue a casa de los primos con lo puesto, yo le llevaba ropa para que se cambiara, unos días después», revive con los ojos empañados por la emoción. Aún conserva su última imagen, «con una camisa de cuadros y en tonos azules, ¿cómo me voy a olvidar?». Esperaba encontrarlo pastoreando a las cabras, pero en su lugar, lo que encontró fueron las caras de sorpresa de sus familiares, convencidos de que finalmente había surgido algún imprevisto y no había podido hacerles el favor. «Lo primero que me vino a la cabeza fue que algo malo había pasado. Lo peor, que estuviera muerto». Aquella niña, con 13 años, tuvo que emprender sola el regreso a Pino del Oro para comunicar la noticia a sus padres, puesto que sus otros hermanos —Elisardo y Laura— habían emigrado a Brasil para librarse de la miseria.

Rosa, la madre, «estaba totalmente desesperada», rememora Victoria. Dieron aviso a las autoridades de la zona y se organizó hasta una batida por las inmediaciones, en la que participaron guardias civiles y la mayor parte de los vecinos de la localidad, sin resultados.

Tuvieron que pasar siete años para surgiera una mínima pista que llegó desde un lugar a miles de kilómetros de Pino. Ángel, el padre, no resistió tanta ausencia y falleció poco antes «desesperado con lo de su hijo mayor y sin saber nada de él». Amparadas en la distancia, y una vez que supieron que el presunto asesino había fallecido, dos jóvenes de otra localidad cercana, Carbajosa, emigrantes en Alemania comentaron entre sus paisanos que ellas mismas habían visto discutir a Salvador con un conocido vecino del pueblo la tarde de la desaparición en el camino hacia Villalcampo «y que estaban pegándose». A partir de ahí, los rumores en la comarca de Aliste se disparan. Hay quien cree esta versión, pero también quien aventura que el joven agricultor y ganadero —de carácter afable y que tras un intento de labrarse futuro en Bilbao había decidido regresar a su pueblo— podía haberse fugado. Hasta le inventaron una novia: «cosas que se hablaban pero sin ningún fundamento», puntualiza su hermana.

Isidro Domínguez Castaño, de 66 años, era apenas un chaval cuando cuidaba una veintena de ovejas de su familia en las fincas próximas a la localidad. Recuerda «como si fuera hoy», que un día vio en «Las Tallas» una zona de tierra que había bajado de nivel, «como cuando remueves y luego se asienta». Muy cerca estaba uno de los hijos del propietario, al que preguntó: «¿Por qué hay un hoyo ahí?». Como respuesta obtuvo: «Es una marrana que se nos ha muerto y la hemos enterrado». Poco podía imaginar aquel joven que quizá dentro del agujero pudiera estar el que, de haber vivido, se hubiera convertido en su cuñado. Con el tiempo se casó con Victoria, y es de los que está convencido de que esa finca esconde el misterio de la desaparición de Salvador. «Si hasta crecieron hierbas frescas sobre lo que habían removido en aquellos días...».

Casi medio siglo. Este es el tiempo que ha transcurrido hasta que los descendientes del hombre que supuestamente mató a Salvador Domínguez y ocultó su cuerpo dieran a conocer la verdad. Un mes antes de morir, uno de los vecinos del pueblo se sinceró con los hermanos del desaparecido, les contó todo lo que sabía, y les facilitó la localización exacta de sus restos. «Nos lo contó porque a él se lo había contado a su vez el hijo del hombre que dijo haber matado a mi hermano... Por lo visto no quería morir con ese peso, porque a fin de cuentas los descendientes no tienen la culpa de nada», reflexiona en voz alta Victoria Domínguez.
El hijo del presunto homicida confesó a un amigo justo antes de morir y le describió el paraje donde fue enterrado Salvador 

A la espera de la decisión judicial que podría solucionar la desaparición y el supuesto crimen de Salvador, sus hermanos solo tienen una obsesión: «Saber si de verdad es él el que está ahí y que descanse en paz ». En Pino del Oro, todos se miran y comentan por lo bajo. Lo único bueno, dice una mujer de edad avanzada, «es que aquí las dos familias son muy buena gente y lo que quieren es terminar con esto, porque los que quedan no han hecho nada y bastante tienen».

El remordimiento que no pudo con el vecino que mató a Salvador Domínguez Rodríguez aquella Nochebuena de 1963 sí hizo mella en sus descendientes. La clave de uno de los secretos mejor guardados de esta localidad conocida por sus minas de oro está, cómo no, bajo tierra.

BEGOÑA GALACHE. DE  LA OPINIÓN DE ZAMORA

jueves, 27 de septiembre de 2012

                                                CANCIONES DE AYER Y DE HOY

Aquí vamos a poner  canciones de ayer y de hoy, canciones que ya cantaron nuestro bisabuelos, nuestros abuelos las continuaron, las oímos cantar a nuestros padres especialmente en el trillo y en la segada, que en nuestra juventud cantaban las mozas al son de una lata o tamboril en los bailes en los pueblos de Aliste, y que al día de hoy siguen alegrando las fiestas al son de gaita las fiestas de nuestros pueblos.

Vamos a empezar con el MANOLO MIO. A continuación se irán poniendo algunas otras.

Gúmaro, 27 de septiembre de 2012.


MANOLO MIO

Manolo mío tu bien lo sabes
Que desde niña te di mi amor,
Tu me besabas y me abrazabas
Por la ventana del comedor
Tu me besabas y me abrazabas
Por la ventana del comedor.

A los quince años, tenia un novio
Que lo quería mas que el vivir,
Y al poco tiempo dicen mis padres
Que lo tenia que despedir
Y al poco tiempo dicen mis padres
Que lo tenia que despedir.

Manolo mío a mi me han dicho
Que por tres meses te vas a ir
Esos tres meses serán tres siglos
Manolo mío llévame a mí,
Esos tres meses serán tres siglos
Manolo mío llévame a mí.

La primera carta cayó en mis manos
Y la segunda en el corazón
Y la tercera cayó en la arena,
Donde Manolo se enamoró,
Y la tercera cayó en la arena,
Donde Manolo se enamoró.

Allá en las islas hay un cadáver,
Que no se sabe de quien será,
Seguramente es el de Manolo,
Que habrá muerto de soledad,
Seguramente es el de Manolo,
Que habrá muerto de soledad.

martes, 11 de septiembre de 2012

COSAS DE RAPACES

Yo siempre tuve de rapá la fama de ser uno de los más malos o traviesos del pueblo, y es cierto que hice muchas travesuras, unas veces solo, otras acompañado, y algunas de ellas comprendo que estaban fuera de lo normal. De estas solamente recuerdo dos que hice indignar a la gente, y fue cuando en una ocasión arranque los pimientos del semillero a Nicolasa que en aquella ocasión lo tenía el semillero en el “Furmiguero” encima de un montón de estiércol, un día fui por allí yo solo sin pensar en semejante cosa y me dio por arrancarle los pimientos. Otra fue cuando en una ocasión entré en el corral de Mariana y tenía una gallina con pollos salidos del huevo hacía pocos días, yo corría tras de los pollos, la gallina se tiraba a mi y yo a los pollos hasta que se los estrangulé casi todos, esto fue indignante para Mariana.

Recuerdo una vez entre unos cuantos rapaces que encontramos un ñal de huevos en un pajar de la ti Dorotea, había más de una docena de huevos, esta vez pensamos en hacer una tortilla y así fue. Nos fuimos a la cortina del ti Sidoro del “Palllerico”, hoy propiedad de herederos de Salvador Fernández (Hijo del tío Tomás Belver), allí en aquella cortina había un barranco ligeramente más bajo que el terreno,  donde preparamos la lumbre para hacer la tortilla, era ya finales  de mayo, y la gente se extrañaba al ver la humareda que  salía del barranco de la lumbre echa con leña de jara. Alfredo, también uno de los implicados trajo una sartén para hacer la tortilla que su padre guardaba con restos de grasa y sebo para untar el carro y con aquello hicimos la tortilla, con aquella grasa la tortilla daba un sabor repugnante, pero entre todos la comimos, parece que todavía en este momento siento al recordarlo me llega aquel sabor tan malo del gusto de la grasa de untar el carro.

Esto fue un poco sonado por el pueblo y hasta llegó a oídos de la maestra D. Casiana, la que nos reprendió fuertemente por haber  robado los huevos. A los pocos días para nuestra vergüenza nos hizo pedir dos huevos a cada una de nuestras madres, a los implicados, y  nos hizo ir a devolver los huevos a la ti Dorotea en comitiva, los presuntos ladrones íbamos delante con un huevo en cada mano con el brazo ligeramente levantado, y el resto de rapaces y rapazas que por causalidad no habían estado en el evento iban detrás  juntamente con D. Casiana diciendo, ladroenes, ladrones, ladrones.

Recuerdo en aquellos años cuando comenzaba mi vida pastoril con pocos años de edad cuando dos pastoras una ya casada y otra soltera pero que las dos ya habían andado el mundo adelante, y ellas por los motivos que fuera aquel día tambien andaban con las ovejas, era a finales de febrero o primeros días de marzo cuando empezaron a tontear las dos conmigo a que te hacemos esto, que  te hacemos lo otro, hasta que las dos se cogieron de mi, me quitaron los pantalones (calzoncillos no traía) y los tiraron a la corona de un roble, se pusieron las dos debajo y no me dejaban subir a cogerlos, si bien antes me pintaron ciertas partes del cuerpo con una barra de pintar los labios. Yo todo el día alrededor de ellas para que me dejaran coger los pantalones, pero no fue hasta bien entrada la tarde cuando se cansaron de tenerme desnudo cuando me dejaron subir al roble a coger los pantalones, baya putada que me hicieron, yo no tenía más de 11 o 12 años y ellas ya andarían alrededor de los 25 años. Las dos viven, todos los años las veo en Lober, pero yo nunca he vuelto a comentar con ellas semejante historia, no se si se acuerdan o no. Ha veces pienso que ya después de más de cincuenta años le volviera a recordar aquella inolvidable experiencia.


En otros artículos de Tierrasdealiste ya he contado otras andanzas mías propias de nuestra niñez, en conjunto, son vivencias de una etapa de la vida de la que creo que todos tenemos  muchas cosas que contar.
Pero a mi también me las hicieron, y me las hicieron gente adulta  creo que ya con otros tintes. Recuerdo en una ocasión una persona  que podía tener alomejor unos 35 o 40 años más que yo del pueblo de Lober que un día me dijo: (yo podía tener unos 10 u 11 años)  Oye rapa, ven acá que te voy a decir una cosa: mira si quieres que te el pito se te haga muy grande lo untas todos los días con leche de higuera, coges un  higo verde y con esa leche que echa se la refriegas bien, verás  como se te hace de grande. Yo, ni corto ni perezoso en la primera higuera que vi corté un higo,  eché el pellejo  del pito para atrás y comencé a hacer lo que aquel malvado me había dicho, pero hay  cuando aquello empezó a reaccionar,  ¡¡¡ que escozores…!!!, entonces marché a  Urrietanaval donde mi abuelo tenía la noria, le di unas vueltas  para llenar de agua una poza que tenía, quité los pantalones y me metí dentro, ya había pasado un buen  rato desde que había echo la operación, por lo que ya tenía tiempo de sobras de hacer efecto. Aquellos escozores ni con el agua se quitaban y al final se me hicieron hasta llagas que me tardaron tiempo en curar al mismo tiempo que las pasé putas. Yo  aquello lo viví en secreto, no dije a nadie nada. Aquel tío cada vez que me veía me decía, rapá… ven acá que te voy a preguntar una cosa, yo echaba a correr y si podía ni por su lado pasaba. Esta fue una broma pesada, fue una salvajada más propia de salvajes que de otra cosa, que de haber sido hoy aquel hombre podía haber dado con los huesos en la cárcel.

Gúmaro. 11 de septiembre de 2012.

viernes, 7 de septiembre de 2012


LA FIESTA EN LOBER.

Cuando llega el mes de septiembre me recuerdan mis de niño en la fiesta del pueblo, si bien antiguamente y hasta finales de los años 20 creo que fue según comentarios de los más viejos del pueblo de hace 50 años atrás que la fiesta de Santa Marina se celebraba el día que viene marcada en el calendario, el día 18 de julio, pero  al coincidir estas fechas con los trabajos de la siega época no muy propicia para celebraciones pues decidieron cambiarla al 18 de septiembre, siendo esta ya una época en la que los hogareños podían prescindir de más tiempo. En aquellos años en todas las casas se cocinaba con leña,  incluso en muchas cocinas estaba el horno de hacer el pan, y después de tiempo las paredes se quedaban ahumadas, motivo el cual que para la fiesta se debía encalar con barro blanco, así como fregar los escaños tamboretes y banquillas para que a la llegada de los festajeros que solían venir de otros pueblos (familiares o amigos) vieran nuestras casa lo más limpias posibles dentro de lo que cabía. El día anterior a la fiesta, prácticamente en todas las casa se mataba un cordero para la celebración, ya que la res no se debía comprar por que en aquellos años casi todos los vecinos del pueblo tenían ganado lanar, y si alguno no tenía pues lo compraba , pues tampoco había carnicerías en la zona y cada uno de debía suministrar por si mismo. La víspera  acudían los zamarreros a comprar las pieles ( el ti Pedrin de Fradellos y más tarde sus yernos  el ti Migue y el ti Celestino).

La fiesta del pueblo era muy esperada por todo el pueblo, pues todo el mundo y sobre todo los mozos y las mozas compraban vestidos para estrenar aquel día, pues acudía mocedad de todos los pueblos colindantes y se podía producir alguna oportunidad de ligue. Los mayores la esperaban para por lo menos por un par de días  salían de la rudimentaria gastronómica diaria (los frejoles verdes de esa epoca ) para degustar el sabroso cordero alistano.  Y los rapaces la esperábamos por que íbamos a vivir dos días de fiesta y todo era diferente, llegaban los confiteros, a Lober  venían dos el Araujo de Alcañices y Santiaguito de Domez y nuestros padres y abuelos nos podían dar alguna peseta para comprar unos caramelos, los mas mayores compraban restralletes petardos o bonbas, pero no mucho por que el presupuesto era pequeño. Los caramelos pequeños costaban dos perras chicas y los grandes a perra gorda, los restralletes por una peseta te daban 10, y las bombas por una peseta cuatro. Los  rapaces más grandes jugaban a los cartones, que eran cuatro cartas pegadas en un cartón y se componía de 10 cartones que hacían las 40 cartas de la baraja, podías comprar los cartones que quisieras (entre más cartones compraras más oportunidades)  luego uno barajaba la baraja y cortaba y la carta que saliera el que la tuviera en el cartón ganaba, y el confitero te daba el equivalente a una peseta o a lo que pusieran la tirada.

La víspera ya se hacía baile con los gaiteros del pueblo, y era el día de la fiesta a la salida de misa cuando comenzaba el primer baile con la música que se hubiera ajustado, pues ya en los años 60 recuerdo que se ajustaba la música de Faramontanos de Tábara, eran tres músicos, un batería un acordeón y un saxofón,  en aquellos años se consideraba una música como él no va más,   sobre todo mayores de pueblo acudían a escucharla  mu alucinados. Costaba 700 pesetas, las cuales se debían pagar a escote, los mozos ponían una cantidad, y las mozas ponían la mitad de la cuota que los mozos, y el trabajo que había para juntar el dinero. Después de comer comenzaba el baile, en aquellos años era baile fiado, a primera hora bailaban las mozas  juntas en parejas, y dos mozos debían ir a cortarlas para bailar con ellas, los mozos astutos,  hasta que no oscurecía no comenzaban a bailar para que no los vieran, pues si bien las madres de las mozas estaban cerca y no querían ni los mozos ni las mozas que sus madres los vieran bailar juntos. Al oscurecer era cuando comenzaban los mozos a ir a fiar, pues a veces estaba uno bailando a gusto con una moza, o una moza con un mozo y no te dejaban parar, pues  era baile fiado, y en aquellos años los mozos tenían unas normas en el baile que se debían cumplir, pues si una moza no quería bailar con un mozo, esta se exponía a que por el resto de el año ningún mozo fuera a bailar con ella. Bueno entonces, los que ya estaban medio novios, en le baile salían a bailar aun lado y ya muy arrimados, entonces ya ningún mozo los molestaba.

El segundo día el baile comenzaba a las 10  u 11 de la mañana, pues la noche anterior el baile no acababa más tarde de las 12  o como mucho la una de la mañana, entonces el baile de la fiesta de el segundo día casi acababa con la hora de la comida alrededor de las dos de la tarde, después de comer los festajeros forasteros ya se marchaban quedando solo para el baile de la noche la mocedad del pueblo y pocos más.
En la década de los 80, no recuerdo que año, ya la fiesta en decadencia por la emigración,  prácticamente la fiesta se estaba acabando, no quedaban niños, no quedaban mozos ni mozas, simplemente se hacía una misa y era ya lo único que quedaba de la fiesta. Un año de esa década no recuerdo cual, en el mes de agosto un grupo de emigrados del pueblo pensaron cambiar la fiesta  para el día 18 de septiembre, pues en agosto están en el pueblo  con sus hijos y nietos todos  y todas los/as que un día emigraron. Los primeros años hubo gente del pueblo reacia a cambiar la fiesta, pues algunos aquél día uñeron las vacas y marcharon a trillar, pero sus hijos si se habían añadido a la fiesta, ya así estuvo unos cuantos años entre tira y afloja, hasta que poco a poco se dieron cuenta que   la fiesta se debida cambiar definitivamente ya que la fiesta había cogido gran popularidad y se cambio definitivamente cediendo a dar para el festejo el dinero que aporta el ayuntamiento, cosa que hasta entonces y durante los años que duro aquella transición la música de la fiesta  la debíamos pagar entre los que la aceptaban  o cogiendo algún dinero de lo de la caza, de el que todos como propietarios de fincas tenemos parte. Y desde entonces continuamos celebrando Santa Marina  patrona del pueblo de  Lober el día 18  y 19 de agosto de cada año. Si bien ya comienza el día 17 por noche con una merienda popular pagada a  “escote” entre los asistentes, y en la actualidad yo casi considero que es lo mejor de la fiesta, pues una noche en la que te encuentras con gente que saludas y puedes hablar con unos y otros acabando con una charanga  con la que podemos disfrutar del baile  o escuchando canciones de nuestro tiempo en un pueblo del que tantos recuerdos guardamos.

Gúmaro, 7 de septiembre de 2012.

lunes, 3 de septiembre de 2012


LA SEGADA EN COSTANTIN

Este año el vecino pueblo luso “Costantin” puso en marcha la iniciativa de promover  la segada, ya  casi olvidada por  el paso del tiempo para muchos que en aquellos años empuñaron la hoz,  un  trabajo desconocido para los más jóvenes, a los cuales iba dirigido tal evento, para que muchos pudieran vivir  por un día el trabajo que sus padres o abuelos desarrollaron durante toda la vida en unos años en que la maquinaria agrícola brillaba por su ausencia en nuestras comarcas alistanas y en las comarcas lusas de Tras os Montes.

Era el día 11 de agosto a eso de las 11 de la mañana después de almorzar la sopa de segada en la Casa do Povo de Costantin, los segadores y segadoras se dirigían  al campo  donde se reservaba una parcela sin segar para poder revivir la segada  a modo de romería. Los participantes acudían previstos de una fardela donde llevaban  pan  y un vaso de aluminio para el agua, y en la mano la hoz y los dediles, otros llevaban un cuelmo remojado para hacer ataderas para hacer los haces.

Llegando a la tierra se comenzó a segar como estaba previsto,  unos, lo más expertos segaban como casi toda su vida lo habían echo, otros, los más jóvenes  mientras se prepararon y cogieron la hoz, apenas le quedo tiempo para practicar, un servidor segó cuatro gabillas y hizo el  manojo con una garñuela  hecha  con pajas de centeno al estilo tradicional.

Acabada la siega se juntó en mornal, y una vez hecho, cantaron y bailaron  con la música de un acordeón  y las voces de las portuguesas entonando canciones populares de la siega. Al terminar se cargaron los haces en un carro tirado por dos mulas iniciando el acarreo de las mieses  (dos carros) hasta la era donde previamente se había preparado  el seco césped para la trilla donde se hizo la parva.

Ya eran las dos de la tarde y era hora de comer todos juntos en la casa do povo, por la tarde se trilló la parva con dos mulas y un trillo que apenas si le quedaban piedras, pero se trilló juntando luego en un parvón para limpiar al aire. Al día siguiente  y después de almorzar se limpio el parvón,  y se hizo una demostración con otra meda trillando con la “trilladeira” una máquina motriz que llegó a los pueblos de Aliste y Tras os Montes en los años 80 cuando en otras comunidades se despojaban de ellas por la llegada de la cosechadora.

Como más arriba comente, después de más de 40 años volví a empuñar la hoz, esta vez no era para segar el  trigo que más tarde convertido en harina y masa  coceríamos en el horno para nuestras necesidades una vez convertido en pan, si no para hacer una demostración  hacía los que nacieron unas décadas más tarde de como se llevaba a cabo tras un largo proceso elaboraciones el pan que cada día  se ponía encima de nuestras mesas.
Gúmaro, 3 de septiembre de 2012

miércoles, 18 de julio de 2012

VIVENCIAS Y RECUERDOS DE ALISTE POR SIMÓN KATON ALVAREZ NACIDO EN TOLILLA Y EMIGRADO A ARGENTINA EN EL AÑO 1950


PARA LA PUBLICACIÓN, PREVIO ANÁLISIS, EN LA WEB DE ALISTE

UN SALUDO A LOS ALISTANOS, ORIGINALES Y DERIVADOS, DESDE BUENOS AIRES, EN LAS FIESTAS Y VACACIONES VERANIEGAS.

Por Simón KATON ÁLVAREZ.

Si vuelvo la vista atrás (sin deseos de estatua de sal), al verano de 1950 (y anteriores), mi último verano en España, puedo recordar casi a la perfección las tareas de los días y los sueños despiertos de  parte de las noches de aquellos duros y lejanos, pero recordados, tiempos veraniegos.

Transplantados los quehaceres de rutinas anuales, tan necesarias como imprescindibles, a este mes de Julio de 2012 (1), me vería en estas fechas de mediados de mes, todavía en la parte de la siega del centeno con la hoz; que en este año 2012, sería el turno de la Hoja de Arriba, que yo conocí siempre como de años pares. Y, supongo lo sería, desde muchos años atrás.

Con Lober de Aliste, las Hojas eran coincidentes; con Mellanes, Fradellos y Flores, todos de Aliste, los Hojas eran invertidas. Con Rabanales de Aliste, sí había raya común, pero las praderas y montes limítrofes de Rabanales eran patrimonio común del pueblo, que yo nunca conocí sembradas. En general, las tierras sembradas de la Comarca eran de propiedad privada, pero de espacio totalmente abierto, de manera que liberadas de los cultivos, hasta la nueva siembra, pasaban a ser un espacio común de pastoreo libre. De ahí la necesidad que los cultivos y las tierras libres de pastoreo, entre pueblos vecinos, fueran en todo lo posible compatibles. Es decir, que los cultivos de un Pueblo, a través de la raya común, no coincidieran con los rastrojos de pastoreo del vecino, para evitar las tentaciones y daños de los cultivos por las ganaderías vecinas. Esa normativa formaba parte del Digesto Municipal, que yo de vez en cuando de pequeño  me entretenía en leer, y luego a años vista profundicé, para los pasos previos de unas posibles oposiciones; tema en el que mi padre fue un experto por interés personal de saber, y haber desempeñado los cargos de Alcalde pedáneo en Tolilla (1931-32) y Alcalde ordinario en el Ayuntamiento de Gallegos del Río (1933-Julio de 1936).

Voy a imaginarme la reproducción de “aquellas tareas”, de un día tipo, con las herramientas en la mano desde el amanecer hasta el ir a la cama a descansar las fatigas del día, no por mucho rato.

La vigilia empezaba cuando el Alba  iba marcando su claridad en semicírculo por el horizonte del lado del vecino pueblo de Lober de Aliste, que como es natural queda al Este de Tolilla (de Aliste), mi pueblo de origen. Ese Alba muy tempranera, a veces era de claridad refulgente, y otras venía con una carga difusa de telaraña alumbrada color brasa, que los abuelos más entendidos (2) por sus experiencias, solían endilgarle “día de más calor”, que los cercanos días pasados.
De hecho, Julio era el mes más caluroso, sobre todo en los días que rondaban al de Santiago Apóstol, día 25, Santo Patrono de Mellanes de Aliste, a cuya Fiesta yo concurrí en varias oportunidades.

Los más jóvenes de la partida, nos levantábamos con desgano, dado que músculos y articulaciones de manos y rodillas, en especial las bisagras a nivel lumbar / renal ( por el agacharse  y volverse a levantar, al ritmo de las manadas y compases de la hoz), no habían tenido tiempo de la tonificación adecuada mediante el descanso. También era común levantarse inapetente, apetito que reaparecía a medida que subía el Sol y los golpes de hoz se aceleraban, en espera del almuerzo, pues  más o menos de las 8 a las 12 horas, era el tiempo de la siega con más productividad.

Recuerdo bien al romper las madrugadas, que extremadamente temprano, en nuestro caso, por la ventana del sobrado de afuera, que daba a la gran hiedra que cubría la pared que daba al Corral de Atrás, era impresionante el zumbido de las abejas que venían a libar los tempranos frutos de la misma, unas bolitas arracimadas que empezaban verdes para culminar en un color morado. Por añadidura, siempre solían anidar alguna pareja de mirlos, y de vez en cuando algún ruiseñor, que a pesar de sus bellos trinos, oficiaban de despertadores molestos, en especial para los jóvenes y cansados segadores. Los jilgueros, que también eran abundantes, tenían un despertar más soleado, aunque los cantares del vistoso macho, estaban también en la pirámide de los mejores cantores, pero todos después del ruiseñor. Los jilgueros y  los ruidosos y nerviosos negrilleros, anidaban en los sotos de negrillos u olmeras asociadas, que eran los “árboles urbanos por excelencia”, hasta que llegara la peste de la “grafiosis”, en el caso de Tolilla, allá por la década del 50/60, que había empezado en Holanda por la década de 1920.

Venía el toque de diana sin corneta, ejecutado por mi padre Pablo (madrugador empedernido, si los había) y, poco después, el toque de la campana grande, con los tan, tan, tan sucesivos, llamando a la suelta de las  vacas de los corrales en procura del armado de la Vacada, que en el caso, de este mes y año, supuesto 2012, el destino sería la pradera de las Fontaninas, con extensión a la de Ferradales, para recalar en las praderas del Río Tubal a beber agua, Río Mena abajo, y subir luego pasado el mediodía  por las cuestas de las Cortinonas hacia los Carrascones del Campo (yo me sigo imaginando dos, aunque hace años sólo hay uno), que era el recinto de las siesta de la Vacada.

Armada la Vacada, en manos de los dos vecinos vaqueros de turno, con sus dos ayudantes infantiles cargados de sueño, de los que formé parte de 1936 a más o menos 1939-40. El grupo de segadores, con la hoz acomodada en la mano-brazo izquierdo, Pueblo arriba por la llamada calle Real (había otra más corta, La Moral), camino del Campo hacia las tierras del Sierro las Corzas, encima el Camino, o las Perinquinas. Como nosotros, por culpa de mi padre, éramos de los más madrugadores, desde la parte alta del camino del Ramallal ó Ramajal, se veían al resto de las cuadrillas familiares, encarar el polvoroso camino ( pero fresco en las mañanas ), no con mucho brío, hasta llegar a las respectivas tierras (fincas abiertas) de la zona, pues era común, que por razones de madurez de los cereales/mieses, se encarara en forma conjunta y al mismo tiempo la siega de las zonas geográficas comunes.

Como no sólo de siega vive el hombre, siendo la misma consumidora de muchas energías y calorías biológicas, las mismas había que reponerlas. Como dije, la costumbre del desayuno en la madrugada era poco común; de manera que se esperaba, a eso de las horas 07:00 a 08:00, hora solar, el almuerzo. Almuerzo que traía el ama de casa, generalmente la esposa/madre ( que se había quedado en casa para prepararlo), a bordo de las alforjas cargadas en la burra de turno de cada familia, burra que venía debidamente albardada para la carga, que transportaba además a la cocinera.

Uno de los almuerzos tipo que más recuerdo, en  nuestro caso (aunque era común en Tolilla y la Comarca), era el formado por : Patatas nuevas de la Cortina de Atrás; raspas de bacalao, con espinas incluidas, que eran las grandes saborizantes; arroz a gusto a punto; un refrito de manteca-aceite con cebolla, tomate, rodajitas finas de chorizo y pimentón, que se iba infiltrando con suavidad por el camino, para llegar a punto al lugar de las operaciones. Mezcla que era trasvasada a los estómagos con cierta celeridad, para reanudar las tareas, hasta la colación de las llamadas 10:00; donde se ingería con cierta rapidez, algo de tortilla, con algo de pan y chorizo, enjuagado con un trago de vino tinto; de ahí, hasta la comida, a eso de las 13:00 ó 01:00 de la tarde ( cuando el reloj solar de referencia, que era la Peña el Burro en la Sierra la Culebra, entre Cabañas y Sarracín, enviaba la propia sombra del observador, de la Peña hacia el pueblo de Sarracín, a la derecha, mirando de frente 1/3 del recorrido), que el ama de casa había dejado en preparación en horas de la mañana, con el cálculo  del fuego necesario para la justa cocción, que casi al 100% era una logística infalible; propia de la natural intuición de las amas de casa de Aliste.

La comida solía ser, con frecuencia, alubias cocidas (a veces garbanzos) con algo de tocino y espinazo de cerdo, o algo así, que se comía a la sombra de alguna encina o roble de la misma finca, donde la mesa eran unos surcos de tierra nivelados a patadas con cholas o abarcas, para que más o menos llano, se pudiera extender sobre el suelo el rústico mantel, y poner la olla de la comida encima; dado que la olla era común para todo el corro de circundantes, que en forma acompasada cada uno iba metiendo y sacando la cuchara llena, para meterla a la boca. Luego de la comida, aligerada con algo de vino tinto, se dormía unos 30-40 minutos de siesta a la sombra de roble o encina, que eran las sombras más saludables, en las horas de mayor calor.

A eso de las 05:00 de la tarde, se volvía a repostar con algo de chorizo, jamón y pan, mezclados con cebolla dulce cortada con cuchillo ó navaja, que se entendía ( y con razón, como está demostrado) que era saludable , digestiva y depurativa. La tarea de la siega seguía, hasta mucho después que el Sol apagara sus luminarias tras los cerros de Mellanes / Rabanales, con la cortina portuguesa, que es decir el punto cardinal Oeste.

Oculto el Sol nuclear, por un largo rato quedaban esos colores rojizos  que seguían alumbrando por reflejos , hasta que la manta de la noche cubría los Cielos Alistanos, y el seguir segando, implicaba el cierto peligro que la hoz cortara aparte de las pajas del centeno, alguna falange de los dedos de la mano izquierda, sólo útil para tirársela al gato.

En esa penumbra que corría la noche hacia el Oriente, las cuadrillas, previo ordenamiento de dejar atados los manojos ó haces de lo segado, con el retorno de su hoz en mano, debidamente acomodada en brazo y mano izquierda, medio doloridos por la faena (que ya venía con las cargas, para los varones mayores, de la antecesora siega de la hierba a guadaña del mes de Junio), arrastrando los pies por el camino polvoriento, que en muchos casos los varones con pies en abarcas, como era el de mi hermano Paco y el mío, el polvo se metía por la punta de las abarcas y oficiaba como molido talco de color entre marrón y gris.

Por el camino a casa, centellaban abundantemente las luciérnagas, en sus giros de ballet desordenado, con legiones de murciélagos que con sus radares desplegados, hacían la cosecha nocturna de su sostén alimentario. Aquí y allá, unas aves nocturnas grises (no recuerdo el nombre) que se aplastaban metros adelante de los caminantes en el mismo camino, hasta que casi se las volvía a pisar, de nuevo levantaban ese mismo corto vuelo, y así sucesivamente hasta las cercanías del poblado. Por ahí en los costados del camino, desde alguna de las añosas encinas del Campo, el silencioso grito de algún mochuelo hacia los congéneres, con su algodonoso y bajo vuelo, hacia el lugar donde su profunda y angular vista había descubierto la presa.
Se llegaba maltrechos a casa, y si esa noche no había turno de riego, por ejemplo en las huertas del Alisón, tampoco había apetito; de manera que con una ensalada de lechuga, se iba a dormir. En mi caso, solía tumbarme en una larga banqueta de las del comedor, donde dormía un par de horas; luego me despertaba y recurría a la cama a la segunda corta parte de la noche, camino de la cercana madrugada, hasta escuchar el llamado de mi padre Pablo, previo a los ¡tan! ¡tan! a repetición de la campana grande de la torre de la Iglesia, accionada por el largo ramal de una soga, que colgaba desde el campanario hasta las cercanías del suelo, llamando a desalojar las vacas de los respectivos corrales para formar la Vacada de ese día.

Si por contrario imperio, había turnos de riego en las huertas del Alisón (u otras), esas tareas a mi me encantaban y no había cansancio que me excusara. Al contrario esas tareas de riego me rejuvenecían, pues desde muy niño empecé a comprender al drama que representaba la falta de agua para la economía de Aliste (3) en general, incluida Tolilla y, naturalmente, el impacto muy negativo  en la familiar, donde las patatas eran fruto esencial de la alimentación de todos los días. De ahí surgía el dicho popular, que respondía a la alimentación de la Comarca:”Por la mañana patatas, al medio día patatolas, y por la noche patatas solas ”.

En esas noches de riego de las llamadas huertas del Alisón; riego que provenía de una de las grandes azudas (azud) del Pueblo, la de la Azuda el Ancho, que también abastecía a la calienda/canal conductor del agua del Molino harinero, a cuyo efecto se había construido un terraplén de piedras/lajas calzadas las unas con las otras, al debido nivel hidráulico que manejaban los vecinos entendidos en base a sus experiencias. Cuando el nivel del agua, a través de la  corriente y su dinámica de presión, superaba el terraplén, el agua discurría por el lecho natural del Río (Mena), que metros más abajo se atajaba de nuevo, por parecido procedimiento artesanal, hacia otro retén de regaderas. Una de esas regaderas iba hacia las Huertas del Alisón; la otra, con un nivel más bajo, lateralizaba las huertas del Alisón por la parte del Río, cruzaba el entonces camino de rodera hacia Rabanales de Aliste, por la zona de la Güera / Huera, para el riego de esa zona y la llamada La Juncal.

Pues bien, en esas noches de Julio  por el Alisón, solíamos encontrarnos en el riego por turno, Brígida, Teodora y Yo; eran huertas vecinas, ya fruto de las repetidas particiones hereditarias, generadoras del famoso y destructivo “minifundio”, que tiempos atrás (como otras muchas de todos los vecinos) habían formado, juntas las tres, una sola unidad económica.

En Julio, los patatales florecidos en profusión con sus frondosos ramajes verdes, y con las patatas bajo tierra en plena formación, eran un encanto placentero, potenciado por las expectativas de “una buena cosecha”, al ser todos los habitantes, grandes y pequeños, conscientes de la importancia que las patatas tenían en la dieta alimentaria. El riego era por inundación, si bien habían surcos iniciales que se iban aplanando con la tierra desmoronada por los efectos del agua.

Era una delicia escuchar el burbujeo del agua al empapar la tierra, producido por los gases de los estiércoles orgánicos esparcidos para fertilizar la tierra antes de la siembra, más el desalojo del aire acomodado en las cavernas subterráneas de las raíces y las patatas en crecimiento, a 15-20 centímetros debajo de la superficie del suelo.
Asimismo, era divertido observar la fuga de los grillos ramas arriba de las patatas (4) , que durante el día por efectos del calor, se habían refugiado en los huecos de la tierra, que abrían las raíces de las plantas y la presión del crecimiento acelerado de los tubérculos.

Por añadidura, si la primavera había venido lluviosa, el Río traía mucho más caudal de agua, y frente a las huertas, por debajo de una puente de piedra el agua cantarina formaba una pequeña cascallera/cascajera, donde por Mayo / Junio solían desovar los “barbos” (como lo hacían los de la Juncal / Pozo el Pontón en otra cercana cascajera más extensa) situados en la inmediata azuda (azud), una azuda, que como casi todo el recorrido del Río Mena por el término de Tolilla, en la parte de la Ribera, estaba colmado de alisos con profusos y frescos ramajes, y sus raíces abundantes y entrelazadas asentadas en agua y tierra. En esa azuda, durante Julio, todavía se podían hacer buenas pescas de cangrejos a cangrejera, dado que por el calor buscaban las aguas más profundas y más frescas, a lo que contribuían en buen grado, las tupidas y frescas sombras de los alisos. Al fondo de la noche, si luna llena mejor, se escuchaban en varias direcciones los cruzados, inigualables y competitivos cantos de los ruiseñores, siempre con sus nidos en las cercanías del agua.

Río abajo, con la azada/sajo al hombro camino de la Puente de Arriba, parte de la Calzada (de Arriba), escuchando parecidos trinos de otros ruiseñores, interferidos por el volumen de los de algún mirlo. Subida al sendero peatonal de las Cortinas de tras las Casas ( con patatas, muelas y garbanzos en gestión verde), salto por la pared del Corral de Atrás, escalera normalizada del sobrado de fuera, y a la cama a dormir, siempre y cuando (antes del DDT, luego prohibido) no saliera algún chinche de su madriguera, que con su mordedura rabiosa dejaba listas las uñar para el rascado de la aureola epidérmica. La mañana no tardaría en llegar, para repetir las rutinas de cada día en esos densos meses de verano ¡ La Vida en Aliste de los referidos tiempos así lo exigía !

Es entendible, que para la mayoría de los descendientes de Aliste de las nuevas generaciones, en gran mayoría nacidos en otras latitudes, estos relatos de modos de vida le resulten muy extraños. Pero conste que la vida en la Comarca era así. Así de sencilla, así de complicada, donde a partir de los 5-6 años había que empezar a asumir adecuadas responsabilidades de colaboración familiar, para contribuir en todo lo posible con la precaria y difícil subsistencia.

Y esto es una pequeña muestra, pues en carencias y necesidades de medios de comunicación, instrucción, sanidad y cobertura social, no existía nada, de nada. En la gran mayoría de los pueblos de la Comarca, empezando por el mío, no había luz eléctrica (yo en Tolilla, de donde salí en Abril de 1951 para Argentina, no la conocí). Tolilla tuvo Escuela y Maestros allá por 1930, Flores y Fradellos avanzados los 40; los caminos, de caballerías y roderas, fangales en invierno y polvorientos y llenos de socavones en verano. La salud ¡Ah la salud ! Estaba sujeta a los principios darwinianos de Evolución y adaptación de las especies:”Sobrevivían los más aptos”. Y así eran las condiciones de la Vida en la Comarca ¿De qué se murió fulano, fulana, etcétera ? De un ataque, de un cólico miserere, de…¡No se sabe…!

Pero como dice el refrán :” Lo que no mata engorda”, que en términos actuales quiere decir “ fortalece”, pues el engordar de antaño era sinónimo (falso, a la luz actual) de salud. De manera que esos estados crónicos de necesidades, convertidos en “angustia existencial”, del permanente rogar al cielo y llorar al suelo, de los vecinos de Aliste (que lamentablemente no eran los únicos), fueron creando un biotipo, aparte de bastante endogámico, por el minifundio imparable, perseverante y luchador; teniendo claro que entre el desear y el llegar, hay un duro camino de voluntad, esfuerzo y trabajo. Y cuando el desarrollo económico global hizo posible la movilidad social, la Comarca (como otras muchas), fue liberada por el “gran éxodo” hacia otras muchas latitudes, que como todo éxodo en todos los tiempos, siempre lleva consigo un alto grado de carga traumática, en especial el desarraigo familiar en su primera fase. Pero obtenido el cociente de Beneficio/Costo (e), el mismo ha sido ampliamente favorable.

Aliste es Historia. Pero en los Cementerios de la Comarca, están concentrados los genes de casi todas nuestras generaciones precedentes. Y de la misma manera que nuestro ADN mitocondrial, refiere una identidad de no menos del 99,99 %, la fidelidad a las raíces, siempre tiran y enlazan los sentimientos.


¡Felices vacaciones! Veraniegas para el Norte, Invernales para el Sur, y en el Medio para los residentes Tropicales.

Buenos Aires, 17 de Julio de 2012


Un abrazo.

Simó

NOTAS:

(1).Yo en forma oficial, comencé a segar con la hoz, luego de algunas pruebas en Julio de 1939, con 09 años, donde alternaba las funciones de aguatero para la muy reducida cuadrilla familiar de la siega, con algunas tardes de tanto en tanto, que dedicaba a la pesca de los cangrejos en el Río (Mena), para el propio consumo, con la dotación de la docena de cangrejeras que poseía. Pesca reducida a un par de azudas, más profundas y sombreadas por los alisos ribereños, con agua más fría, donde los cangrejos  y su amplia reproducción se iban refugiando a partir del mes de Junio, cuando empezaban los calores fuertes. En 1940, potencié la participación en forma voluntaria, casi a pleno, para pasar definitivamente a la acción en el año 1941.De 1942 a 1944, era un buen segador, y del 1945 al 50 (mi última siega) un segador excelente. También llegué en esos años a la excelencia en la siega de la hierba con guadaña, superando en mucho a mi padre, que era bueno; asimismo, de los mejores en el arar, tanto en la paridad de los surcos, como en la derechura de los mismos, los longitudinales, los atravesados en pequeña diagonal de desagüe, o en diagonal profunda, tomando como referencia algún punto lejano fijo, enfocado en la muesca – era el punto de mira – de la parte de arriba del yugo que uncía a la pareja de vacas, que tiraba del arado, una versión moderna del antiguo arado romano.

Sobre estos elogios señalados, decía Cervantes por boca de Don Quijote, en el Capítulo XVI, Segunda Parte, en el relato del Caballero del verde gabán, el rico don Diego de Miranda:”…y puesto que las propias alabanzas envilecen, esme forzoso decir yo tal vez las mías, y se entiende cuando no se halla presente quien las diga…”. Pero bueno, yo lo cuento, porque ya no tengo abuelas que lo puedan decir, ni padres que lo puedan testificar y, de los de mi generación, en el escenario de origen, ya quedan muy pocos que lo puedan contar.

(2).En esos remotos años, no había televisión, ni noticieros, ni otros medios que difundieran el tiempo que hacía, ni previsiones del tiempo por horas, días y semanas. Sí había presagios de los que acumulaban años en las espaldas, en función de las experiencias de la vida.

No obstante algunos vecinos, en Tolilla mi abuelo Simón lo compraba cada año, adquirían un pequeño calendario, un opúsculo, que se llamaba Calendario Zaragozano para todo el año. El mismo día por día, traía las horas de salida y puestas del Sol y de la Luna, las fases de la Luna, y una serie de consejos prácticos para las siembras, las podas, las plantaciones, los injertos y otros consejos prácticos. España se dividía en regiones, y les iba asignando fenómenos meteorológicos obvios, a lo que solía suceder en las distintas latitudes: Lluvias en Galicia y el litoral cantábrico, casi todo el año; tormentas y granizo por Mayo Junio  en muchos lados; heladas y nevadas en el invierno; calores en verano, con largas sequías; lluvias torrenciales por Agosto-Septiembre en el Este peninsular, y cosas por el estilo. Era una recopilación informativa de lo que solía suceder, en los distintos lugares, expresado por los habitantes con experiencia a través de varios años antecedentes.

Que dijera que del 20 de Julio al 05 de Agosto, en el Noroeste de la provincia de Zamora iba a hacer mucho calor, de día y de noche; o que los viñedos del Sur del Duero y cultivos aledaños de las Tierras del Vino, podrían ser afectados por el granizo de Mayo a Julio, era una obviedad, pues sí podía suceder, y de hecho de vez en cuando sucedía. Si por desgracia granizaba, el calendario acertaba, y si por suerte no pasaba nada, nadie se acordaba.

Algo parecido a un médico obstetra, renombrado por los aciertos de pronosticar el sexo de los embarazos en curso y consulta, en función de unas variables de auscultación y revisación de las embarazadas. Se cita como hecho real en el Buenos Aires de antaño. Cuando las embarazadas venían a la consulta, y le preguntaban qué iba a ser ¿varón ó mujer?, el galeno le contestaba con total seguridad ¡ Será mujer, le decía ¡ Él médico llenaba una ficha, en la que entre otros datos ponía: Sexo: Varón. La inversa, mujer, si había pronosticado varón. De esta manera, si el médico había acertado, la familia divulgaba el acierto, y era un genio. Si se había equivocado (+-50%) vendría el reclamo, pero ¡claro!, él recurría a la ficha, y decía: No, está equivocada ¡Mire! Le mostraba la ficha (donde había asegurado varón, había escrito meses atrás mujer, o la inversa, según las promesas).De manera que  la mitad eran aciertos, y el otro 50%, no eran equivocaciones.

(3).Yo tengo muy presentes las sequías de 1943 a 1945, en especial la del 45, donde en el término de Tolilla se secaron todos los manantiales ( a excepción de la Fuente del Pueblo, de agua ferruginosa, sita en la parte baja del Campo, fuera del Pueblo), y desde 1943, en el lugar del Río Mena denominado Los Llenaderos, seco total con el limo del fondo resquebrajado por el calor, hubo que cavar un pozo bastante profundo para llegar a una napa de agua subterránea que estaría relacionada con la que surtía al Pozo de Arriba y al Pozo de Abajo, que también se secaron. Algunos pocos manantiales no se recuperaron, o cambiaron de curso, eso a pesar del año muy lluvioso de 1946, lluvias que habían comenzado en los últimos meses de 1945.

Fueron años muy angustiosos para los vecinos de Aliste. Hubo escasez de todo, empezando por un invierno 44 / 45 muy seco, la primavera ventosa y seca, de manera que sin pastos ni hierba en los prados para el ganado: ovino y bovino; casi nada de legumbres ni hortalizas, con una pésima cosecha de patatas, pocas y raquíticas.
Lamentablemente esos ciclos de sequías se repetían con bastante frecuencia, y los ánimos comarcales se caían por los suelos.

(4).Allá por los años por los años 1942-43, los patatales que siempre en Aliste habían gozado de buena salud, resistentes a las plagas, allá por el mes de Junio, florecidos o a punto de florecer, de la noche a la mañana aparecieron muchas plantas de patatas con todas sus hojas desaparecidas, por el roído de unas orugas glotonas. En las primeras observaciones aparecieron una especie de pequeños escarabajos amarillentos con rayas y pintas negras, llamado dorífora o escarabajo de la patata; en la parte opuesta de todas las hojas, gran cantidad de huevos, que se convertían en larvas, que comían las hojas, luego se enterraban, y reaparecían como nuevos escarabajos. Era su ciclo vital, y desde muchos años atrás en los EE.UU de Norteamérica, ya venían combatiendo la plaga, dado que allí al parecer comenzó a fines del siglo XIX en el Estado de Colorado.
El combate o pesticida aplicado a la agresiva plaga por las tierras de Aliste, hasta por lo menos principios de 1951 (fecha de mi viaje a la Argentina), era una solución acuosa de arseniato de plomo, con la que se pulverizaban las plantas en crecimiento de los patatales. Sin duda era un elemento tóxico, no sé en qué grado. Tampoco sé si se siguió aplicando, o siguió el camino del famoso y pernicioso DDT, el liquidador final de todos los insectos ¡¡¡La solución definitiva!!! Poco después, se determinó que era portador de una toxicidad incompatible con la Vida; naturalmente se prohibió para el uso masivo, pero el bienhallado Dicloro-Difenil-Tricloretano quedó circulando por el ambiente por mucho tiempo, y a ciencia cierta, no se sabe de cuántas muertes de personas y animales ha sido causante, pero seguro de muchas. De cualquier manera, ha sido un elemento tóxico más, de los muchos productos de la industria farmacéutica, que son la panacea, y años después son prohibidos por los daños producidos en la salud. Son retirados del mercado, pero el negocio y los daños ya estaban hechos ¡ Que pase el siguiente !

Buenos Aires, 17 de Julio de 2012.SKA.///